Abogado venezolano,1973 UC. De Principios Morales.Acerca de mí

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Creo en un mundo donde la EDUCACIÓN,ESFUERZO y la JUSTICIA, sean la base de todo, y la solidaridad como nota de la CONVIVENCIA.

domingo, 19 de mayo de 2024

 

LA DELINCUENCIA.



                       Por: LUIS RAFAEL ORONOZ BORDONES

Es una conducta, que dibuja una forma de vivir, en contra de las formas que establece la sociedad, a través de sus instituciones, y cuyas normas se deben cumplir.  Cometer un delito no es ser delincuente sino un infractor, pero si esas infracciones son constantes, ya estamos en otro plano: es un delincuente. Y lo es, independientemente de la forma en que viva, lugar de residencia, ni entornos que frecuenta; es un “malandro” de buena o mal formalidad, que es rodeado del poder, de ese poder de hacer lo que decide.

La mente domina el cuerpo, y el cuerpo es la individualidad que se ve; cuando se tiene una mente en una dirección, es imposible rehacerla, porque la mente no se borra por voluntad, sino que se debe tratar como lo que es, una enfermedad. Y cuando se señala de la “reinserción del delincuente en la sociedad”, para indicar, que borró su paso como delincuente y reasumió su papel en la sociedad; eso nunca es así, lo que, si pudiera ser, es que entendió que este paso no le fue conveniente de esa manera – sin eliminar experiencias, que es formación imborrable hasta ahora – por lo que cambia de formas, sin olvidar “aquello” que sabe hacer por experiencia y sin trauma.

El delincuente, puede cambiar sin olvidar; y hasta puede pasar a otra forma de delinquir, sin ser visto como un asocial, eso depende de lo que se le presente, pero siempre va querer vivir con tranquilidad y comodidad. El delincuente no se corrige, porque lo que siempre nota – mayormente – es delitos cometiéndose por toda parte, en diferentes intensidades; en uno castigable y otros impugnes, terminando concluyendo: “yo fui preso, por no tener dinero, ni palanca”. De esto le brota un raro sentimiento de “odio con prudencia”, entrando en una especie de expectativa social, para emprender un camino de acuerdo a lo que vea surgir.

Estamos “Xvocados”, al creer en una reinserción del delincuente; y cual si, el de un simple infractor que pudo estar en la cárcel; tampoco es muy diferente la conducta de un delincuente salido de una cárcel, a la del otro que no salga – por no haber entrado – de una cárcel, sólo en lo que le impacta la cárcel; la conducta, como arremetida contra la sociedad formal, es la misma; sólo puede ser más grave ver delincuentes en prisión, y ver otro libre, evidenciando una injusticia que crea odio, resentimiento contra la sociedad del preso, familiares y amigos.

La sociedad se equivoca, cuando arremete contra el preso, en tanto, el que no ha ido a una cárcel, haciendo cosas graves, son “vivos” y hasta llamarlo “Don”, cuando ha conseguido mucho dinero con esa “viveza”. Cada grupo social, juzga conforme a su formación, esa es su gran debilidad, por la que no se es sincero – con una débil formación – de juzgar como es debido, y favorecer el “vivo”, que cree audaz.

El delito, en la individualidad que lo comete, cuando es constante crea un hábito convertido en condición permanente, que es de muy difícil regeneración. No creemos en plan alguno de “inserción social”, porque no se inserta quien ya está fuera de la sociedad que afecta, y tiene como víctima de su acción. Lo que, si creemos en principio, en un programa general contra el delito, con leyes más severas y realista, con una aplicación calificada por buenos jueces; de segundo, establecerse un programa de ayuda al infractor primario - que no debe ir a ninguna cárcel – sacándolo de su entorno social tradicional, ubicándolo en otro como prueba, dándole formación, trabajo y confianza social.

La cárcel tradicional, es hoy día un fracaso, porque no aísla, no regenera, ni persuade, ni combate la adición a la droga la peor causa/consecuencia del delito. Requiere, una reestructuración, que sea eficiente en sus cuatros sentido ante enunciado; no pensar en una reinserción que es una mera hipótesis; y si en una INSERCIÓN SOCIAL, con tratamiento y cura a la adicción a las drogas, así como una formación profesional, iniciándose por un oficio; todo esto, con un programa laboral. Por lo que así, estaremos insertando a la sociedad, a un colaborador más; que casi seguro nunca estaba efectivamente insertado a la sociedad que perjudicó.

El delito, el delincuente, así como las penas, hay que observarla como parte de la columna vertebral de la sociedad, y no como un catarro dentro de ella. En la tipicidad de conducta, debe hacerse muy explícitas en el texto, y muy publicitada la misma, de manera de poderse interpretar fácilmente por cualquier lector, a los fines de su mayor publicidad, y poderse cumplir con su importante fin intimidante.

Es así que, valoramos mucho la pena de muerte como pena intimidante, ante de sanción; de esta pena somos los mejores promotores; claro, en una sociedad mejor organizada y con gobiernos respetuoso en extremo, de los derechos humanos. No obstante, esta TIPICIDAD y con Jueces de cargo y no de condición, cuando un ESTADO excede de formalismo, mata a su vez el combate efectivo de la delincuencia; la tipicidad ampara el abuso del JUEZ que actúa en representación del Estado, de tomar cualquier asunto por semejante con un delito a su capricho o interés, o, de no aplicar igualmente una norma por capricho o interés, cuando esta no está suficientemente clara. Hay conducta, cuya tipicidad y agravante no resulta necesario exigir su tipicidad, porque en el mundo de la consciencia, hay un razonamiento lógico que lo describe, cuando su gravedad es escandalosa; es obvio que un HOMICIDIO es una conducta grave, por su resultado; pero su ocurrencia implica que debe existir clara regulación normativa, porque ese resultado fatal se debe valorar con mucha precisión, porque del mismo, se debe sacar la conducta para valorarla y establecer muchos elementos, circunstancias y razones – entre otros – para determinar su responsabilidad, teniendo ya claro el imputado. Pero, hay conductas que no están tipificada en forma clara y determinante, por ser actos novedosos que aun no se ha tipificado y se busca eximir responsabilidades, por no estar regulada o precisa. Antes no había instrumentos de comisión de delitos, por ejemplo: INTERNET, X, FACEBOOC, TELEFONÍA CELULAR, pero debe la norma flexibilizarse a la rigidez de la tipicidad, pero para esto, deben existir muy buenos jueces y una debida fiscalización de ellos.

 La limitación máxima de las penas, sólo se debe establecer dentro de una política progresiva de docilidad de las penas de cárcel, que demuestre su eficiencia; pero, no se deben eliminar las altas penas, porque incentiva el regreso de graves conductas tenidas como superada, porque ellas nunca se superan, sino por el miedo de las penas altas y en aplicación eficiente.

En cuanto a las penas, por igual, es de sumo cuidado, su tipicidad, aplicación y ejecución. La tipicidad debe establece conjuntamente con el realismo, de la gravedad de la conducta producida, propia de la representación en su mente del causante del hecho, por ser igualmente representada o visionada por el común de los individuos, y es aquí donde un jurado, en los tribunales de esa categoría, con facultades para ello, pueda valorar esa conducta como grave, por encima de la tipicidad. La VIOLACIÓN es una conducta grave, pero es mucho más grave, en una niña o niño, así como de una individualidad minusválida o anciana; por lo que la tipicidad como delito muy grave, no es debida para establecerla como muy censurable, porque de por sí, lleva esa naturaleza implícita en la conducta, bien esté o no tipificada, son conductas demenciales terrorífica de grave impacto, que para lograr tal calificativo sólo hay que revisar los hechos, que es lo objetivo o realidad, que no las normas que la tipifica. Poner libre a un indiciado, por no haber plena prueba, es un asunto para proteger la inocencia; pero no se debe declarar su inocencia, sin pleno descarte de su culpabilidad, cuando existan severos indicios de su culpabilidad; debiendo permanecer la condición de indiciado sin prescripción, ni darse como concluida las investigaciones, hasta que el sobreseimiento de la causa quede firme. La impunidad es tan impropia, como la condena al inocente; y eso nunca puede ser un dilema para la investigación, porque siempre cualquier “señalado”, sin tortura, suposiciones ni invento, se debe concluir a uno de esos extremos necesario a llegar, por lo que se es inocente o responsable; nunca habrá un medio culpable, ni un medio inocente; los medios son CULPABLES en otra intensidad o en otro tipo de delito. Otros dirán:” Es que puede ser inocente de ese delito que se le imputa”; a lo que respondemos: Puede parecer así, es un asunto de común comprensión; pero una compresión lógica, nos indica, que lo revisable es la conducta y los hechos para determinar su participación y establecer responsabilidad por ellos, que el delito señalado en la imputación es cuestión de formalidad que se puede acoger o apartarse de ello; y que la inocencia o culpabilidad, está señalado en la comisión y sus características. Ser responsable de un delito de los derechos propios como derechos humanos, significa el no cumplir con su deber de RESPETO de los DD HH; y todo DD HH implica por igual el respeto correlativamente de los DEBERES HUMANOS que sería de igual sigla “DD HH”.

   

Valoramos, que en una sociedad de miseria y de gran pobreza, son el delito y los delincuentes, sus mayores combustibles, más que su grave situación económica.

    Origen del DELINCUENTE.

El DELINCUENTE es un generador de conductas tipificada como delito, en forma habitual o constante; cuando lo hace una vez, es un infractor que cometió un delito, y per se, no es un delincuente, teniendo cuidado, cuando la comisión del delito, no implique la aprehensión o condena como determinación de esa primera vez.

El DELINCUENTE habría que ubicarlo muy bien para poder calificarlo, en su origen. Si observamos que, de la pobreza, brotan delincuentes por necesidades; estaríamos hablando de consecuencia. El delito es anarquía que trae descontrol del orden e irrespeto y violación a los DERECHOS de todo tipo y trascendencia; cuando es desarrollado como actividad compleja de organización permanente, donde se privilegia al dueño de la violencia, y sumisión ciega de las individualidades de su entorno; estaríamos hablando de causa.

Si integramos estos orígenes, pudiéramos tener un denominador común, que no se ha señalado como tal, generador o generado, de una individualidad sumida en el delito. Todas las vías señalan a la formación como constructor de las individualidades, y a la justicia como constructor de su confianza en la sociedad.

La buena construcción de las individualidades, parte de crear en ese ser: responsabilidad y respeto; de imprimir apego a la formación constante como signo para el constante desarrollo; la necesidad de las reflexiones como vía previa a las decisiones a tomar, que lo haga sensato, y pueda recorrer el camino del vivir muy acorde con lo aprendido, sin desborde de conducta que tente al delito.

La mala construcción, como es obvio su deducción, es todo lo contrario; es una construcción para fines sin orientación, donde pudiera surgir: un vago, malandro, indecoroso, y así otros afines a esa desviación.

Que se nos señale, como extremistas, lo podemos ser por directo; pero esto es para reflexiones, y ustedes son los calificadores definitivos de estas apreciaciones, que no son nociones, sino campos para definir.

 El DELINCUENTE, SER INSENSATO.

El delincuente, no comparte el mundo sensato, porque su conducta siempre será insensata; pero esto así expresado, no es un dogma, porque admite un razonamiento. Y es este: Siendo la sensatez, un buen juicio, que implica una conducta dentro de los parámetros de orden disciplina y cumplimientos de las formalidades establecidas en la sociedad, resulta evidente, que la conducta del delincuente, es todo lo contraria en sus generalidades, alejadas de toda normativa de la sociedad DECENTE.

La violencia- fuera de los casos de ser vía única, donde no hay alternativa eficiente – es una conducta insensata por esencia. Y la acción en el delito implica la violencia en cualquiera de sus formas, incluyendo la “violencia pacífica”, que incluye el engaño o timo, adulteración, abuso de confianza, aprovechamiento de ingenuidad o condición, apropiaciones indebidas de lo que ya tiene, como ejemplo. Es violencia, porque es una conducta de aprovechamiento ilegítimo contra la confianza natural, que impone el convivir social, para que la sociedad pueda existir; eso la llamaríamos la BUENA FE PÚBLICA.

Eso ha de ocurrir, con el engaño o exceso de confianza, es tanto como la “letra chiquita en un contrato”; o establecer en un contrato algo de suma importancia, tapado en asuntos repetidos sin mayor importancia; o generar el fraude del lenguaje, impropio en un contrato común de convención rutinaria, utilizando palabras técnicas o de poco utilización o muy refinado uso, que al ya estar previamente impreso, el contratante no le da la importancia que en realidad tiene , cayendo en una trampa bien montada. Es una violencia a temperada con las formalidades y apariencias, aprovechando emotiva urgencia propio de la inmadura consistencia de individualidades, de poca reciedumbre y seguridad.

Cuando se va contra la BUENA FE PÚBLICA, siempre se utilizan finos medios de disfraz de la intención de la otra parte; con mucha similitud con los asuntos normales y de estudios de conducta humana en general. Normalmente se le dice MANIOBRA, porque siempre se ha tenido la palabra “violencia” como una acción brusca, que en estos actos no se observan, pero la maniobra es una acción de arremetida, y como tal, es un acto singular de violencia.

En el comercio, esta fórmula es muy constante, tanto en los contratos escrito, como en los orales de rápida resolución; por lo que, a esta actividad mercantil, se le ha identificado como la delincuencia tolerada, que la costumbre ha legitimado.

El DELINCUENTE está metido en toda parte, porque en toda parte, que nota facilidad para delinquir logrando su indebida ventaja, no duda en hacerlo. El ser DECENTE por convicción, no abrasa esta forma de vivir, por más necesidad que tenga, se resiste hasta donde más; pero hay que tener presente que el DECENTE POR CONVICCIÓN es un ser único, de muchas cualidades trascendentes, que lo mantiene en esa posición, obviamente, son escasos, pero existen y abundantes; no tanto como muchos, para lo cual si están los INDECENTES.

Por todo estos vemos médicos, abogados, comerciantes, que se destacan por ir por el dinero, sea por el medio que sea, y afectando a quien más puede, o buscando cualquier objetivo de su proyección y deseo. Nadie conoce a otro, porque ese “otro” ni siquiera él, se conoce a sí mismo; sólo conoce su gusto por su percepción agradable, pero eso es de tiempo incierto de duración, por lo que es coyuntural. El INDECENTE carece de valores, que lo pudiera frenar en su hacer indebido, es una individualidad procaz, que no tiene atadura a los principios morales.

En una sociedad donde impera el orden, la justicia, la honestidad relativa, la solidaridad, la autenticidad y la sensatez, el DELINCUENTE no tiene salida que la de aparentar ser decente o ir contra esa sociedad; y esto hay que tenerlo muy claro, al pretender reconocerle DD HH a quienes co cree ni respeta sus deberes humanos, porque en esto hay un grave EQUÍVOCO, que mina la sociedad decente.

                  

 

 

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