LA FAMILIA DURA, PARA UNA SOCIEDAD EN
SUPERACIÓN.
Por: LUIS RAFAEL ORONOZ BORDONES.
Las mujeres y los hombres, somos las dos vertientes de la especie humana,
como individualidades diferentes, representan una realidad orgánica de
interconexión complementaria, de procreación y convivencia por tiempo de hecho
o acuerdo. Pero en la sociedad, hay una realidad insustituible - no por
casualidad - son los dos “Géneros”, orgánicos de constitución para la actividad
del sexar, de la preservación del ser humano y el desarrollo de la sociedad;
SIN DEJAR AFUERA, la afinidad del deseo de convivir junto, cuando se genera ese
vínculo de atracción o de enamoramiento. Todo gira alrededor al hombre y la
mujer, ambos son de igual importancia para la sociedad; ninguno puede ser sustituible,
ni distinguido con diferenciaciones contra natura.
La puridad de género – que es un
extremo de esos polos - no existe, ni pudiera existir, porque en la
conformación humana actúan hormonas tanto de las llamadas femeninas como
masculinas, en mayor o mínima intensidad, y demás substancias conocidas y por
conocer, que determina una coherencia entre lo que se tiene, se siente y se
ejecuta; esto desde inicio fetal hasta mucho tiempo después. Pero ante de
asumir realidades, nos impulsan orgullo o complejo en este campo. Que tengamos
los hombres algo de femenino, o a lo inverso, es una realidad, que poco se
admite por no conocer a profundidad la conformación orgánica/sexual en el ser
humano, y por evitar dudas, acerca de ser un “macho fuera de toda duda”, o de
imponer la idea de que el poco conocimiento en eso, indicaría poca experiencia
en ello. Cuando sabemos, que el macho es el género SENSUAL del animal común, es
decir rustico, ordinario, tosco; propio del “hombre de las cavernas”, eso será
imitar costumbres, conductas, condiciones e imágenes de tiempos propios del
inicio de nuestra sociedad, ya superada al no requerirse para convivir hoy, en
nuestra sociedad, de esa naturaleza; porque de necesitarse esa rudeza habrá
maquinas o equipos para cubrir esa eventualidad. No es tiempo superado, sino
situaciones en el tiempo, que requieren otros aportes para acometer acciones en
conformidad, por lo que se evoluciona con los cambios de superación. Estos –
los cambios de superación - nunca son regresivos, porque ellos son los
adaptables al momento actual, y si alguno se ve regresar, no regresa en igual
condición, por lo que siendo así, no hay regreso de lo sustituido, sino de uno con
cambio, que lo hace diferente.
El “machismo” es el mismo “hombre
de la caverna”, con una dosis de peculiaridad como eso de que un hombre infiel
es mujeriego; pero una mujer infiel es puta; el hombre tiene amiga, pero la
mujer solo tiene amante; el hombre es de carácter, pero la mujer es una “cuaima”;
en el registro civil del hijo, el apellido del padre va de primero, y el de la
madre de segundo porque no hay un tercero; la suegra es la arrecha y nunca el
suegro; a los menores/hombres a los 14 o 16 años, se busca llevar a un burdel,
para que se hagan hombres, a las menores/mujeres en cambio desde los 10 años le
tienen la cantaleta, de no “tirar”, antes de casarse y después de graduarse, de
vaina no la manda a nadar en el Nilo.
En la cultura de la Sociedad Machista, los
niños deben ser enamorados, aunque sea de una escoba, para reafirmar que es un “macho”,
no importando si son o no, un caballero, importa que sea “un coge culo”. Y si lo
hace con una menor de 14 años, aunque sea preso su padre permanecerá contento,
porque tiene “un macho”; si su hija de 17 años se va con su novio, la busca
para mandar a poner preso al novio por delincuente, y a ella para internarla en
un convento. Un hijo que tenga un novio, es el fin del mundo; lo corre a la
calle y le prohíbe tener contactos con “la que fue su familia, incluyendo a su
madre”; siendo lo más cruel posible, para que sus otros hijos se miren en ese
espejo. En todo esto, la mujer/madre, que es pieza fundamental en el hogar, su
opinión no es requerida, y si la aporta, en nada es tomada en cuenta, y cuando
finalmente opina, corre el riesgo de ser señalada como cómplice, o “cabrona” …
eso es absurdo.
No regular legalmente estas
conductas, con penas severas, es la mejor vía para incentivar la conducta aberrada
de la PATERNIDAD INRRESPONSABLE; un padre que no pueda comprender estas
situaciones, no puede ser un “JEFE DE FAMILIA”, la fulmina en poco tiempo. La
sociedad debe entender esta conducta como nociva, fuera de ser un semillero de “termitas
sociales”, que empieza por la familia y destruyen grupos sociales.
A la mujer se respeta, a la madre
se le adora y reconoce su mundo de sacrificio, conservándose en su debido ALTAR;
a los hijos se cuidan, guían adecuadamente con sabiduría, porque ellos son el
reflejo de lo que hemos elaborado para la sociedad; al padre se quiere por lo
que hace y se le reclama con firmeza, respeto y cordialidad todo lo que creemos,
sea un error. Al machismo, se le arroja de nuestras vidas, junto con el odio,
egocentrismo y egoísmo; y se construye el mundo de la sensatez, solidaridad,
cariño, responsabilidad que deriva en la comprensión, al comprendernos logramos
la fuerza de todos para empujar la compleja carreta de la vida.
La familia, es la UNIVERSIDAD DE
LA VIDA; en ella aprendemos el inicio del camino; de ese aprender saldrá la
base de lo que hemos de ser. Esa base, pudiera ser el inicio de voluntad hacia
el estudio permanente, que derive en títulos, sabiduría y nos de la grandeza de
conocernos biológica/mentalmente en un mundo donde sólo nosotros mismos,
sabremos cuidar nuestra salud y la de los nuestros; con conocimiento estamos a
la disposición de hacer buenas reflexiones, para lograr buenas deducciones y
conclusiones, donde los aciertos sea la generalidad, y los errores sean las
excepciones; logrando con la solidaridad, un estado mental de satisfacciones
que incremente el flujo normal de la DOPAMINA y la EXITOCINA que de seguro hará
que nuestra vida transcurra en un camino de mayores momentos de felicidad.
BENDICIONES.

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